El 27 de enero de 1945, las tropas soviéticas del Ejército Rojo, en su marcha victoriosa hacia Berlín, capital del Reich, liberaron el campo de exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau. No se imaginaban el horror que allí encontrarían. Auschwitz no fue la antesala del infierno: fue el infierno mismo. Más de un millón de personas, representantes de todas las nacionalidades europeas, pero básicamente judíos y gitanos, fueron exterminadas en esa fábrica de matar que había diseñado el Tercer Reich presidido por Adolf Hitler.


































