Tengo un hábito incómodo y una práctica inútil. Mi hábito incómodo es heredado de mis tiempos de secundaria. Todos los días ponía el despertador a las cinco de la mañana. Motivo: levantarme temprano para estudiar. Invertía en mis tareas escolares más o menos hora y media. Después, me preparaba para ir al colegio.


































