Sería interesante leer alguna vez un libro dedicado exclusivamente a los primeros poemarios de los poetas, esos inicios donde la voz se tantea y a la vez se declara. En ese inventario podrían figurar "Edad sin tregua" (1958), de Susana Thénon; "Sonata de soledad" (1954), de Amelia Biagioni; "Desde lejos" (1946), de Olga Orozco; "La tierra más ajena" (1955), de Alejandra Pizarnik.





































