Llegamos a la tercera y última entrega de nuestro recorrido por el pensamiento filosófico y la vasta obra del alemán Martin Heidegger (*). Podemos asegurar, entonces, que en el fondo de la filosofía heideggeriana se halla circunscripto un fuerte "antropocentrismo", en cuanto toma al hombre como un fin en sí mismo; concretamente, toda su filosofía gira en torno al ser humano y a estudiar su realidad finita. En primer lugar, la situación privilegiada del hombre le permite preguntarse por el sentido de su propia existencia, es decir, por el ser mismo del sujeto existente. Y de allí se infiere que tiene sentido preguntarse por el ser, pues, la presencia del mismo se realiza en la "ex-sistencia". A partir de esto, es imposible preguntarse por un orden superior verdaderamente Trascendente, ya que, al fin y al cabo, todo queda subordinado a la contingencia radical del existir.


































