La meritocracia, como idea, ha sido celebrada por su promesa de construir sociedades más justas, donde el esfuerzo y el talento se convierten en las únicas medidas del éxito. Sin embargo, ¿hasta qué punto esta noción puede garantizar igualdad en contextos profundamente desiguales? ¿Es realmente suficiente confiar en el mérito cuando los puntos de partida son tan dispares? Estas preguntas son centrales para analizar las limitaciones y posibilidades de la meritocracia como motor de justicia social.
































