La primera vez que vi la imagen, me sentí atraído por la singularidad de sus rasgos indígenas, máxime cuando se trata de un santo checo. En los 70, su mano derecha aún sostenía la palma de los martirizados en la iconografía de la Iglesia Católica, elemento que más tarde desaparecería como triste botín de algún cazador de piezas antiguas. Y esta lo es. Representa a San Juan Nepomuceno, y llegó al Museo Histórico Provincial "Brig. Gral. Estanislao López" como parte de la importante donación de la Compañía de Jesús a la naciente institución en los años 40.
































