Al leer los poemas de Fabián Herrero (Santa Fe, 1965) se corrobora lo que decía Ralph Emerson con respecto a la forma del poema: "No es la métrica en sí misma, el modo en que uno construye lo que hace del poema un pensamiento tan vivo y apasionado que, como una planta o un animal, tiene una arquitectura propia". Un poema puede o no perderse en su propia aventura. La fuerza o la debilidad de su sentido, el lector la siente en forma proporcional al riesgo con que el autor ha llevado adelante esa aventura. Es entonces donde se descubre aquello tan conocido y repetido para el haiku: la intensidad de un momento en que las ideas sueñan y las imágenes meditan.


































