¿Cómo hablar de las pasiones de la vida, de los desamores y de la misma angustia sin nombrarlos?, ¿cómo hacerlo sin caer en la descripción lineal y a la vez absurda, tratándose de una poesía impulsada por la fuerza creativa propia del poeta? Tal la propuesta de Cecilia Galeano en estos 32 poemas breves, su primer poemario publicado. Es así, como la autora, sin otra alternativa, habla no en demasía, y sugiere sin precisar. Los poemas, en rigor, no presentan grandes complicaciones, ni temáticas, ni formales. Sus claves están atenuadas, buscan apenas la complicidad del lector para la pausa y la contemplación. Y es así como con inteligencia, los versos se tejen a favor de la indeterminación. El libro delinea, minuciosamente, la solidez de la ambigüedad. "Un cielo quieto suena en los ojos/ ando tu herida de árboles azules/ de tu costilla viene a nacer la flor perdida/ y en lentos círculos/ lo que regresa y regresa/ se anuda/ y es dulce aliento en lo que no somos." Imágenes donde el dolor y la lucidez se racionan. Y también imágenes y resultados en los que alguna esperanza breve (y bella) asoma.


































