Estamos atrapados en un círculo vicioso. La sorda guerra de baja intensidad que enfrentaba al gobierno nacional con Horacio Rodríguez Larreta, jefe de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, escaló a conflicto abierto. Por estas horas, en vez de lanzarle piedras a la sede de CABA (como ocurrió con el Congreso a fines de 2017), la artillería gubernamental dispara denuncias judiciales a repetición.


































