La política santafesina ingresó en una etapa de reacomodamientos después del fallecimiento de Miguel Lifschitz. Su ausencia, imprevista y schockeante, constituye un elemento disruptivo para un tablero que se ordenaba a partir de su liderazgo. La reconfiguración de ese mapa comenzó a generarse quizá de manera demasiado precoz. Fue este mismo jueves en la Cámara de Diputados, a tan sólo minutos de que se realizase un homenaje al ex gobernador en el mismo recinto y desde las mismas bancas. La puja por espacios y la disputa por empezar a dibujar nuevos límites llevó a trabar la designación plena de las autoridades del cuerpo. Después de haber obtenido total consenso, sólo pudo jurar el socialista Pablo Farías como nuevo presidente. Pero a la hora de definir las vicepresidencias, la tradición y los acuerdos que se habían forjado, incluso con Lifschitz, para que el peronismo como primera minoría se quedase con la primera vicepresidencia, colisionó con la aspiración del radicalismo liderado por Maximiliano Pullaro, que reclamó el lugar para su sector. "Somos el segundo bloque en representación legislativa", fundamentó el legislador, que integra junto a sus correligionarios el interbloque mayoritario del Frente Progresista. El peronismo no aceptó la argumentación e interpretó que la jugada desnudaba una "ambición desmedida" de la UCR. Así lo expresó el diputado Leandro Busatto, para quien los radicales intentan con su accionar "marcarle la cancha al propio Socialismo". La tensión derivó en la necesidad de tener que posponer por una semana la discusión y definición.


































