Promediaba el mes de octubre de 1992. Tras décadas de ausencia, Raúl Bianco regresaba a Ceres. En el Renault 12 rojo lo acompañaban Guadalupe y los tres hijos. Él quería que los chicos conocieran su pueblo; caminar por la Avenida de Mayo; detenerse en la confitería de la Funcha; esquivar las mesas del Gran Hotel Italia; pisar la vereda de la escuela donde la nonna había terminado la primaria… y subir el puente ferroviario para descender hacia el otro lado, el del barrio Paraíso Florido. El lado de la infancia.
































