El asesinato de tres niñas en Southport, en el norte del Reino Unido, desató los peores disturbios de los últimos años en las calles de ese país. Varios políticos y organizaciones de la ultraderecha utilizaron esta tragedia para agitar contra los migrantes, en general, y contra los musulmanes, en particular. Se difundió la falsa propaganda de que el atacante era musulmán y de que se trataba de un inmigrante ilegal, aunque las autoridades británicas desmintieron ambas afirmaciones. El asesino era, en realidad, un joven inglés, hijo de padres ruandeses, y proveniente de una familia cristiana.
































