Bautizadas por el oficialismo como "leyes anti Sain", las normas legislan una sobre los gastos reservados del Ministerio de Seguridad; y la otra, sobre las incompatibilidades que regirán para los funcionarios del Ministerio Público de la Acusación (MPA), de la Defensa y del Organismo de Investigaciones (OI). Esta última es la que más expectativa – para la oposición- y recelo – para el oficialismo- genera. Y no precisamente porque su vigencia vaya a alterar en lo inmediato la permanencia de Sain como director de ese instituto, al que retornó hace dos semanas. Para los detractores de Sain, la clave de esa ley radica en que su vigencia le confiere a la Legislatura, particularmente a la Comisión de Acuerdo, el poder disciplinario sobre la conducta de los funcionarios del OI. Es decir, sobre Sain. Hoy, esa potestad está en manos de la Auditoría General del MPA. La composición de la Comisión de Acuerdo le es claramente adversa al ex ministro. Por eso, los esfuerzos del Poder Ejecutivo, canalizados sobre todo a través de los funcionarios del Ministerio de Gobierno, están concentrados en evitar que ambas leyes queden firmes. Ello sólo sería posible si las cámaras no logran reunir los dos tercios necesarios para rechazar los vetos decretados por el Poder Ejecutivo. Y con un agravante; cada una de las leyes tiene cámara de origen diferente. Por lo tanto, la estrategia de la Casa Gris deberá orientarse a romper esos dos tercios en Diputados, para evitar que allí prospere el rechazo al veto de Ley de Incompatibilidades. En ese cuerpo, donde el Frente Progresista posee la mayoría automática, el gobierno deberá bucear entre los bloques minoritarios opositores para convertirlos en eventuales aliados.