Los bebés pequeños dominan el arte de hacerse el dormido. Después de tomar el pecho, con las urgencias que sólo el hambre provoca, y las habilidades que esto tan vital conlleva, uno pensaría que el bebé pequeño, saciado con néctar tan maravilloso, se entregará feliz a los brazos aterciopelados del sueño. Pero no es así. Se hace el dormido, y ahora veremos qué pasa, y por qué.





































