A 23 años de la inundación de la ciudad de Santa Fe, el tiempo no alcanza para poner distancia. Hay hechos que no envejecen, que no se diluyen, que siguen latiendo con la misma intensidad con la que fueron vividos. Aquellos días no fueron sólo una tragedia hídrica: fueron una herida profunda que partió en dos la historia de nuestra ciudad. Un antes y un después que todavía hoy se siente en cada barrio, en cada familia, en cada recuerdo que vuelve sin pedir permiso.




































