El modelo económico es claro: contener lo que pueda venir. Dentro de este sencillo, pero a la vez complejo objetivo, se esconde una imposibilidad de que esto pueda sostenerse en el tiempo. Un 45% de pobres -dato actualizado que conoceremos en marzo cuando el INDEC presente su informe semestral de pobreza-, 4 millones de personas indigentes, inflación del 94,8% anual y una presión impositiva absolutamente insoportable, con leyes laborales que atrasan y confiscan el deseo de contratar y un sindicalismo que lejos de sus afiliados solo dedica su tiempo a bloquear empresas que no comulgan con su religión extorsionadora y a controlar precios en los supermercados.