14 de agosto de 2020. La cancha está hecha un chiquero. Jehová ensaya un segundo diluvio universal. ¡Éste sí que es un "dream team"! Miro a mis compañeros: un manco al arco; un rengo como marcador por izquierda; un anciano como defensor por derecha; una tortuga como stopper. En el círculo central: gatea un bebé que se enreda con nuestra camiseta; se traba en el césped la silla de ruedas de nuestro número 5; y el 8 -que tiene fama de "buen pie"- exhibe dos piernas derechas invertidas. El wing por izquierda es pura facha y está desgarrado. De nada sirve tirar centros al área, el 9 es el descocado de Juan El Bautista. Pero tengo fe: junto a mí está Messi que me levanta el pulgar como en la publicidad de "Head and Shoulders". Pienso: "¿Si Dios está conmigo, quién contra nosotros?" ¡Corre el reloj! Nuestro técnico tiene una banda presidencial y un bastón de mando; su táctica es simple y la vocifera: "¡Todas las pelotas al 10!"

































