La sensación de estancamiento produce desasosiego. Es lo que nos ocurre a los argentinos, aun a los que les va bien, porque en un país que va mal nada es seguro. En verdad, nuestro caso es bastante peor, porque ni siquiera estamos estancados; hace décadas que nos hundimos, a menor o mayor velocidad y profundidad, sin encontrar el fondo.



































