I
Con la caída de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez asume un rol clave en Venezuela, siendo vista tanto como traidora como posible artífice de la transición política.

I
Desde la madrugada del sábado Venezuela es el centro de la noticia y al mismo tiempo el centro de los más diversos rumores y especulaciones. Pasando en limpio chismes, rumores, noticias y especulaciones, lo único seguro a la fecha es que Nicolás Maduro y su esposa están presos en Estados Unidos, y que Delcy Rodríguez, la vicepresidenta, asumió la presidencia.
De allí en más todo es confusión y se me ocurre que ni siquiera los principales protagonistas, empezando por Trump, saben muy bien lo que hay que hacer o lo que podría suceder. A los yanquis les ha resultado relativamente sencillo doblegar las frágiles defensas de los bravos chavistas, pero elaborar una salida política no será tan fácil.
Acerca de estos menesteres, Donald Trump debería prestar atención a lo que les pasó en Afganistán, Irak o Libia. El régimen chavista recibió un duro golpe que incluyó hasta el ridículo porque ni los antichavistas más optimistas imaginaban que el operativo de sacar a Maduro y su esposa como chicharras de un ala de Venezuela se realizaría en poco más de dos horas, sin bajas y sin heridos.
II
El sábado a la madrugada el chavismo sufrió la humillación más impìsdosa de su historia, una humillación superior incluso a la de Manuel Noriega en Panamá quien por lo menos resistió algunos días. Las consecuencias de esa humillación habrá que evaluarlas.
Alguien la llegó a comparar a la humillación sufrida por los militares argentinos en Malvinas, humillación que aceleró la caída de la dictadura porque los bravos militares que se jactaban de pelear como duros guerreros contra adolescentes, madres o estudiantes cuando tuvieron que pelear en serio pasó lo que les pasó.
Lo sucedido al chavismo es parecido o más grave. Los centuriones que intimidaban con fusiles, picanas y cachiporras a los opositores, fueron reducidos a la impotencia. Los bravíos combatientes cubanos fueron ultimados uno por uno. Miguel Díaz-Canel habló de la heroica resistencia de sus soldados. Rara resistencia que no dañó ni con el ala de una mariposa a los rangers.
III
Puede que el destino de Maduro sea previsible: cárcel a él y a su esposa por una larga temporada. Del destino de Delcy Rodríguez mucho no se puede decir. Para más de un analista es la traidora, la que entregó a Maduro y cobró la recompensa de cincuenta millones de dólares. Sería la preferida de Trump y la operadora indicada para organizar la transición.
Alguien la comparó con Joaquín Balaguer, el político que organizó la transición en Santo Domingo luego de la muerte de Rafael Leónidas Trujillo. No sé si Delcy dispondrá de esa habilidad. ¿Es una traidora? ¿Es leal al chavismo? No lo sabemos. Sí se sabe que su hermano, Jorge, es el presidente de la Asamblea Nacional y la persona que ella más escucha.
María Corina Machado la acusa de responsable de torturas y otras delicadezas; otros analistas ponderan su capacidad de gestión: “Es la preferida de los petroleros”, dicen. En todos los casos las dudas están abiertas. Una prueba de fuego sería la decisión que tome con los presos políticos.
IV
Si Corina Machado supuso que con la detención de Maduro se abría la posibilidad para la presidencia de ella o la de Edmundo Gonzalez Urrutia, los hechos le están diciendo lo contrario. En primer lugar, el propio Trump no está para nada convencido de que el poder deba quedar en manos de la mujer que según su singular criterio de justicia, le robó el Premio Nobel de la Paz.
Políticos venezolanos ponderan las virtudes de Corina, pero coinciden en señalar dos objeciones: no posee equipos para gobernar, pero por sobre todas las cosas, y esto hay que decirlo porque merece un capítulo aparte, el gobierno chavista fue humillado, pero salvo esa agresión a su autoestima está intacto.
Empezando por sus jefes más notables: Diosdado Cabello y Vladimir Padrino López. Y continuando por la disponibilidad de instrumentos de poder. El ejército de Venezuela suma dos mil generales y más de cien mil soldados, además de milicias civiles que pueden sumar alrededor de doscientos mil hombres. La ausencia de Maduro se siente, pero el poderío militar también se siente.
Los que pensaron que llegan a Caracas y del aeropuerto marcharían hacia el Palacio de Miraflores, están muy equivocados o no tienen la menor idea de lo que ocurre. De esto no se deduce que el chavismo está intacto. El golpe recibido fue grande y no sabemos sus posibles consecuencias.
Lo que han aprendido en estos días es que el supuesto imperialismo yanqui está muy lejos de ser un tigre de papel. El tigre tiene garras y colmillos filosos y se despliega como un felino. El sábado a la madrugada probó su valía. No sé si podrá hacerlo de vuelta. Trump habla mucho, toma decisiones que son eficaces, pero no tiene luz verde.
V
Trump amenaza con llevarse el mundo por delante y comerse a los chicos crudos. No le va a resultar fácil. El “operativo Maduro” salió perfecto, pero no sé si podrá repetir algo parecido. Aunque no le importe demasiado, la opinión pública mundial existe y yo no subestimaría la capacidad de resistencia del chavismo.
En el propio Estados Unidos, Trump no las tiene todas consigo. Empezando por su vicepresidente que, como todos habrán observado, no solo está calladito, sino que no se lo ve en las fotos. El Washington Post y el New York Times le han reiterado una vez más que no lo quieren. Los dirigentes del Partido Demócrata no disimulan la tentación de un juicio político.
Remember: a Bill Clinton casi lo mandan a la lona por unos entreveros eróticos con su secretaria, y a Richard Nixon lo obligaron a renunciar por haber habilitado a sus “albañiles” fisgonear a una reunión de sus rivales Demócratas. Trump está bien parado en el poder, pero estos vaqueros deben saber que en los western al pistolero más famoso siempre se le cruza un pistolero más veloz.
Venezuela no es un hueso fácil de roer y a Groenlandia, la otra obsesión de Trump, no se la compra como quien realiza una inocente operación inmobiliaria.
VI
En América Latina los que tienen que dar algunas explicaciones son los gobiernos de México, Brasil y Colombia. Ellos eran los más indicados para ponerle límites a Maduro. Es verdad que rezongaron en voz baja ante el fraude electoral, pero Lula da Silva, por citar un ejemplo, estaba en condiciones de hacer algo más que rezongos.
Su silencio o su impotencia crearon las condiciones para que el cowboy de Mar-a-Lago haga lo que le gusta hacer. ¿Qué creían, que la declaración de la ONU acerca de la autodeterminación de los pueblos lo iba a detener? No se puede ser tan ingenuo. Viven hablando del peligro del imperialismo yanqui, y cuando ese peligro se perfila como evidente se van a dormir la siesta.
La que seguro sale mal parada en este candombe es Cuba. En realidad, Cuba viene en falsa escuadra desde hace años.
Ahora no solo perdió el invicto militar porque los yanquis le bajaron toda la guardia pretoriana cubana que protegía a Maduro, sino que si se reduce el abastecimiento de petróleo la única fuente de ingresos segura de esa suerte de manicomio social en lo que ha derivado “El Faro de América Latina”, es la que proviene de los detestables gusanos de Miami.
VIII
Nos escandalizamos porque desde Estados Unidos dicen de América Latina que es su patio trasero. Les recuerdo que esa designación, la de “patio trasero”, la usan desde hace más de cien años. Y que la llamada Doctrina Monroe, aprobada en 1823, se empezó a aplicar con objetivos imperialistas desde los inicios del siglo XX.
La política “del garrote” fue un invento de Tehodore Roosevelt. Y de allí en adelante los yanquis siempre nos trataron como el patio trasero. A veces el trato fue más amable, a veces fue más duro. Trump no dice o hace nada nuevo que no hayan dicho o hecho en su momento Woodrow Wilson, Richard Nixon o el propio John F. Kennedy. Advierto.
No estoy reeditando el clásico libreto de izquierda antiimperialista. Me limito a describir la realidad. Estados Unidos es una gran potencia y desde los tiempos de la sumerios a la fecha las grandes potencias establecen sus zonas de influencia. Los yanquis no son la excepción.
Carlos Montaner calificó al Imperio del Norte como peligroso, como todo imperio, pero el más benigno o el menos malo de la historia. Hay que aprender a convivir con él y aprender a ponerle límites. Pero hay que saber hacerlo. Algo que Maduro, Lula da Silva, Gustavo Petro o Gabriel Boric no han aprendido.
No me gusta que existan los imperios, pero existen. Colocado en el dilema realista prefiero a Estados Unidos que la barbarie de Vladímir Putin o la perversidad china. Lo dijo alguna vez Alicia Moreau de Justo: “Prefiero ser negra en Estados Unidos que obrera en la Unión Soviética”.