El banco de la plaza estaba extremadamente caliente aquella noche. Había sido un día agobiante y el sol casi había derretido los juegos de plástico del parque. Todavía podía sentir el calor contenido en el banco. Me senté, dejando que el murmullo de la ciudad me envolviera. No tardé en notar una discusión cercana: dos voces, firmes y seguras, debatían sobre la naturaleza de la verdad.



































