La decisión del presidente Alberto Fernández de llevar adelante el procedimiento de juicio político para intentar remover a los cuatro integrantes de la Corte Suprema de Justicia, más allá de su escasa viabilidad y de las expectativas oficiales de utilizarlo para exponer y desgastar a los ministros, ya provocó algunos efectos concretos: paralizar la actividad del Congreso de la Nación, agitar ideas de producir modificaciones de fondo por decreto y motivar advertencias sobre el respeto a la institucionalidad desde EEUU, país al que el gobierno argentino aún debe convencer acerca de su vocación de honrar compromisos.



































