Distante -aún más en los afectos que en el tiempo- parece haber quedado aquel 31 de diciembre de 2016 cuando Alberto Fernández, entonces referente del Frente Renovador, visitó a la activista Milagro Sala en su sitio de detención, el penal del barrio Alto Comedero, un sector densamente poblado al sur de San Salvador de Jujuy y paradójicamente muy cercano al denominado “cantri” de la organización Tupac Amaru, un vasto conglomerado de viviendas populares levantadas por esa organización con fondos nacionales, manejo que a la postre sería una de las cuestiones por las que la dirigente fuera encarcelada.































