- Nuestro voto demostró que el Frente Progresista lejos de avanzar en consensos, viene retrocediendo porque, hace dos años, el texto fue votada por unanimidad. Escucho discursos de consenso y hablaban de lo que hablaron en 2017 y 2018. Desde el año pasado faltaron reuniones, hubo quejas de sectores no escuchados. El proyecto aprobado fue el mismo que se había aprobado dos años y medio atrás y que perdió estado parlamentario en el Senado, Es muy fácil echarle la culpa al Senado de no querer votar la ley, pero no hubo ningún consenso como para insistir en una ley de esta manera. Hubo una queja nuestra no respondida. Presentamos las observaciones al proyecto y no nos respondieron. Nuestros planteos son sólidos, no es solamente la ideología de género, la ESI. No respetan la Ley 26.250 de Educación que dice que los padres son los agentes primarios en la educación de sus hijos. Esto es obstinación ideológica. El problema que tienen es ideológico. Coincidimos en que necesitamos una ley de educación, pero estamos con la obstinación del proyecto de una ex ministra de Educación (Claudia Balagué) que quiere imponerle al Ejecutivo un modelo educativo. Están queriendo meter un modelo educativo estatista, socialista, en un diseño constitucional que respeta la libertad, el derecho de los padres a la educación de sus hijos, que respeta la libre iniciativa privada para formar escuelas. La ley no tiene el consenso que debería tener y se entromete en temas que no tienen que ver con la educación sino con cuestiones ideológicas como es el rol del Estado en la educación. Se apropian de la educación que es un derecho humano esencial, no un derecho social que administra el Estado. Son cuestiones medulares, no de estructura educativa. Se arranca con un proyecto de ley donde no respetamos tratados internacionales de derechos humanos y de que los padres son los educadores principales de los niños.