La sesión ordinaria de este miércoles en el Senado de la Nación, convocada en principio para dar ingreso a pliegos y votar acuerdos internacionales, terminó convertida en una escena política sobre la memoria.
La iniciativa del peronismo para ratificar el compromiso con la Memoria, la Verdad y la Justicia contó con el apoyo de todos los bloques de la oposición, mientras que La Libertad Avanza intentó amagó con abandonar la sesión. La votación se llevó a cabo en ausencia de la vicepresidenta.

La sesión ordinaria de este miércoles en el Senado de la Nación, convocada en principio para dar ingreso a pliegos y votar acuerdos internacionales, terminó convertida en una escena política sobre la memoria.
En ausencia de la vicepresidenta Victoria Villarruel, se votó una resolución en conmemoración de los 50 años del golpe de Estado y ratificar el compromiso permanente con la Memoria, la Verdad y la Justicia. El resultado fue contundente: 49 votos a favor y 20 abstenciones, todas de La Libertad Avanza.
En el medio, además, se colaron durísimas acusaciones del peronismo contra Javier Milei por el caso Libra y una defensa cerrada de Patricia Bullrich, que volvió a quedar en el centro de la estrategia libertaria en el Senado.
La disputa legislativa comenzó a las 17.15, cuando Eduardo “Wado” De Pedro planteó una moción de preferencia para tratar sobre tablas el proyecto de declaración. El oficialismo aceptó que el tema fuera abordado al final de la jornada, pero ahí empezó el problema. Porque lo que parecía un acuerdo mínimo duró poco: enseguida surgieron diferencias sobre la redacción final del texto, y eso empantanó la sesión durante varias horas.
El proyecto había sido presentado ese mismo miércoles, poco antes del inicio de la sesión, y el aval para tratarlo contó incluso con el visto bueno inicial de Patricia Bullrich. Según se reconstruyó en el recinto, la jefa del bloque libertario miró a los suyos y ordenó: “votamos a favor”. Pero de inmediato introdujo una condición. La Libertad Avanza acompañaría siempre y cuando la redacción “sea objetiva”.
Ahí se trabó todo. La versión original del texto, defendida por De Pedro y el peronismo, repudiaba al “terrorismo de Estado”. La contrapropuesta del oficialismo buscaba reemplazar esa formulación por otra más amplia y, a tono con su posición política, proponía “condenar cualquier tipo de violencia plasmado en el concepto del Nunca Más”. No hubo punto de encuentro. Ni matiz que alcanzara. Nada.
La discusión, entonces, se corrió del contenido simbólico de la resolución hacia una pelea de fondo por el sentido mismo del pronunciamiento. De un lado, el peronismo se plantó sobre la redacción original. Del otro, el oficialismo quiso forzar una reescritura que desdibujara la referencia explícita al terrorismo de Estado. Y el Senado, que a veces avanza a reglamento y otras veces a puro reflejo político, entró en una zona de tensión abierta.
Sin acuerdo para imponer los cambios, Bullrich salió a buscar respaldo entre los bloques aliados. No lo consiguió. Y cuando en La Libertad Avanza advirtieron que se asomaba una derrota legislativa, la reacción fue otra: intentaron quebrar el quórum. La jefa de bancada alentó a los integrantes de su bloque a dejar el recinto para frenar la votación. Pero no prosperó.
La maniobra quedó a mitad de camino porque el resto de las bancadas no acompañó la retirada. Los libertarios amagaron con levantarse, pero quedaron solos. Sin eco. Sin arrastre. Y terminaron retrocediendo sobre sus pasos. Esa secuencia, más allá del resultado puntual, expuso el límite político del oficialismo en la Cámara alta: puede tensar, puede dilatar, puede intentar reescribir, pero no siempre puede ordenar al resto del cuerpo detrás de su estrategia.
Del otro lado, el interbloque Popular apuraba a Bartolomé Abdala para que pusiera el tema a consideración del Senado. Para ese momento, además, Victoria Villarruel ya no presidía la sesión. No es un detalle menor. Porque el dato institucional coincidió con el momento de mayor fragilidad para el oficialismo: cuando hubo que definir una votación incómoda, la vicepresidenta ya no estaba en el estrado.
Finalmente, De Pedro dejó en claro que no aceptaba las modificaciones propuestas por Bullrich. Se votó el texto tal como había sido planteado desde el inicio y la resolución quedó aprobada con 49 votos afirmativos y 20 abstenciones. Todas de La Libertad Avanza. Un número que dice bastante por sí solo.
Antes de que estallara la discusión por la resolución conmemorativa, la sesión ya venía cargada de voltaje político. Durante las cuestiones de privilegio, los senadores de Unión por la Patria Martín Soria y Juliana Di Tullio apuntaron con dureza contra el presidente Javier Milei por los últimos hallazgos vinculados al caso Libra.
Soria fue tajante. Dijo que el lanzamiento de Libra, el 14 de febrero de 2025, “no fue un error” sino la expresión de “un modus operandi” del jefe de Estado. Y remató con una frase que resonó fuerte en el recinto: “Estamos en presencia de un estafador serial”. El rionegrino vinculó esa acusación con el contenido de un informe surgido de un peritaje judicial incorporado al expediente que lleva el fiscal Eduardo Taiano, del que se desprenden numerosas llamadas telefónicas entre Milei y el lobbysta cripto Mauricio Novelli en los minutos previos y posteriores al tuit de lanzamiento del token.
Según se expuso en la sesión, en el peritaje al teléfono de Novelli también aparecieron pruebas de conversaciones con la secretaria general de Presidencia, Karina Milei; con el ex jefe de Gabinete de Asesores de Presidencia, Demian Reidel; y con el asesor presidencial Santiago Caputo.
Di Tullio endureció aún más el tono. “Este es un gobierno de estafadores”, lanzó. Y fue todavía más lejos al afirmar: “El presidente de la República Argentina es un estafador y quiero que la ciudadanía sepa que cobró más de 5 millones para estafar a 40.000 personas”. No fue un comentario lateral. Fue una acusación política de máxima gravedad, formulada en plena sesión ordinaria y en medio de una Cámara que ya venía caliente.
La respuesta del oficialismo no tardó. Patricia Bullrich volvió a tomar la palabra y defendió a Milei con énfasis. “Nuestro presidente es absolutamente inocente”, sostuvo. Luego pidió: “La Justicia está actuando, dejen actuar a la Justicia”, y acusó al peronismo de actuar con “hipocresía” al denunciar al jefe de Estado mientras, según señaló, tiene a su líder Cristina Kirchner presa con condena firme.
Ese cruce sumó otra capa de conflicto a una jornada ya marcada por las tensiones. Porque el Senado no sólo discutió pliegos ni acuerdos internacionales. Discutió, también, el modo en que el poder político se para frente a su propia memoria reciente y la forma en que oficialismo y oposición eligen librar sus batallas en el recinto.
En esa trama, la votación por la resolución en conmemoración de los 50 años del golpe terminó siendo mucho más que un punto del orden del día. Fue una prueba de fuerzas. Una pulseada por el lenguaje, por la interpretación histórica y por la capacidad de construir mayoría cuando el oficialismo no tiene cómo cerrar la puerta. Y esta vez, no pudo.




