A nadie sorprende ya los efectos corrosivos del coronavirus. Una enfermedad que no matará a mucha gente, pero que empeoró la calidad de vida de casi todos. Es que el aislamiento social dispuesto es una barrera legal que a veces resulta infranqueable. Y a veces no. Como en el caso de los abrazos con protección especial que se empezaron a dar las siete mujeres de una residencia y sus familiares. La ley no impidió que ambas partes se puedan unir.

































