En el corazón de una ciudad que a principios de los años noventa buscaba su identidad cultural nocturna, un proyecto ambicioso se alzó sobre los restos de una vieja fábrica de panificados. Lo que alguna vez fue “La Princesa S.A.”, empresa que durante más de 40 años elaboró pan dulce, turrones y vainillas, mutó en una de las discotecas más icónicas del interior argentino: La Fábrica Disco.


































