Estamos frente a un proceso concursal que ya lleva seis años e importa una crisis local, regional y provincial significativa atento a la magnitud que el deudor poseía, lo que proveía en empleo directo e indirecto, y lo que implicaba para cientos de productores. Todo eso se perdió (lo primero que pierde un concursado es el crédito en el más amplio sentido de la palabra) y la propuesta intentaba recuperarlo, y vaya sí lo hizo. Vicentin S.A. es, en esencia, una industria aceitera y trader internacional de commodities, por lo que para que la hipótesis de salida real se materialice, resulta imprescindible que, como primera medida, los proveedores granarios (muchos de ellos acreedores) vuelvan a confiar, y eso lo ha logrado mi parte a través de un trabajo de largo tiempo que acercó a buena parte de ellos a elegir dicha opción del menú. Es dable considerar en el caso la trascendencia social de la solución a la crisis de Vicentin que ya lleva judicializada seis largos años y que como se ha visto, a este momento solo tiene una opción de solución real, palpable y concreta: la propuesta de nuestra representada. Textual de la respuesta formal de Grassi S.A. a las impugnaciones