Hay noches en las que el silencio no es ausencia de sonido, sino una presencia rotunda que lo ocupa todo. Este jueves a las 21, San Cristóbal dejó de ser la ciudad de los ruidos cotidianos y la calma pueblerina para transformarse en un solo corazón que late al ritmo de la memoria. En un marco de respeto casi solemne, cientos de personas se congregaron en la intersección de las calles Caseros y Alvear con un único propósito: caminar por Ian.

































