La enfermedad de Parkinson es uno de los trastornos neurodegenerativos más frecuentes y complejos, y la L-Dopa continúa siendo, desde hace décadas, el tratamiento farmacológico más eficaz para aliviar los síntomas motores.
Una investigación internacional reveló cómo la L-Dopa, el tratamiento más utilizado para la enfermedad de Parkinson, puede generar cambios persistentes en las neuronas a través de un mecanismo hasta ahora desconocido. El hallazgo aporta claves para comprender efectos adversos a largo plazo y pensar estrategias terapéuticas más precisas.

La enfermedad de Parkinson es uno de los trastornos neurodegenerativos más frecuentes y complejos, y la L-Dopa continúa siendo, desde hace décadas, el tratamiento farmacológico más eficaz para aliviar los síntomas motores.
Sin embargo, su uso prolongado suele estar acompañado por complicaciones motoras y cognitivas que limitan su efectividad a largo plazo.
En ese contexto, un estudio realizado por investigadores del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), junto a científicos de una universidad francesa, logró identificar un mecanismo molecular hasta ahora poco explorado que podría ayudar a explicar parte de esos efectos y orientar futuras optimizaciones terapéuticas.
El trabajo, publicado en la revista científica npj Parkinson’s Disease, demuestra que la L-Dopa no solo actúa como precursora de la dopamina, sino que también puede incorporarse directamente a estructuras internas de las neuronas, alterando su funcionamiento de manera sostenida.
El eje central de la investigación está puesto en los microtúbulos, componentes fundamentales del citoesqueleto neuronal. Estas estructuras cumplen un rol clave en el transporte intracelular y en el mantenimiento de la forma y la conectividad de las neuronas.
En particular, son determinantes para la estabilidad de las espinas dendríticas, pequeñas prolongaciones donde se establecen la mayoría de las sinapsis excitatorias del cerebro.
El equipo del CONICET y la universidad francesa observó que la L-Dopa puede incorporarse al extremo de la alfa-tubulina —una de las proteínas que forman los microtúbulos— a través de la acción de una enzima específica. Esta incorporación da lugar a microtúbulos “modificados por L-Dopa”, con propiedades distintas a las normales.
En cultivos de neuronas de ratón, la presencia de estos microtúbulos alterados se asoció a una disminución significativa de la densidad de espinas dendríticas, especialmente de las espinas maduras, consideradas las más estables y funcionales. Además, se registró una reducción en el número de sinapsis excitatorias, lo que implica una pérdida de conexiones neuronales activas.
Uno de los aportes más relevantes del estudio es la identificación de por qué estos cambios podrían sostenerse en el tiempo. En condiciones fisiológicas, los microtúbulos atraviesan un ciclo dinámico de modificación química —conocido como ciclo de tirosinación y detirosinación— que es esencial para su correcto funcionamiento.
Los investigadores demostraron que los microtúbulos que incorporan L-Dopa interfieren con la acción de un complejo enzimático clave del cerebro, responsable de regular ese ciclo.
A diferencia de lo que ocurre con la tirosina natural, la L-Dopa una vez incorporada no puede ser removida eficientemente. Como consecuencia, estos microtúbulos alterados tienden a acumularse y a persistir, modificando de manera prolongada la dinámica neuronal.
Este hallazgo es especialmente relevante en el contexto del Parkinson, una enfermedad que requiere tratamientos crónicos durante años. Según plantea el estudio, la acumulación progresiva de microtúbulos modificados por L-Dopa podría contribuir a la inestabilidad sináptica observada con el paso del tiempo.
Para confirmar que los efectos observados estaban directamente relacionados con la incorporación de la L-Dopa a los microtúbulos, el equipo científico utilizó modelos neuronales genéticamente modificados.
En neuronas que no podían incorporar L-Dopa a la tubulina, el tratamiento no produjo pérdida de espinas ni de sinapsis. Estos resultados reforzaron la hipótesis de que los cambios estructurales dependen de un mecanismo específico y no de un efecto general del fármaco.
Además, el estudio mostró que los microtúbulos modificados presentan una dinámica alterada: se desarman con mayor frecuencia y tienen menor capacidad de ingresar a las espinas dendríticas. Las espinas que no reciben esta invasión de microtúbulos resultaron mucho más vulnerables a ser eliminadas, lo que explica la reducción progresiva de conexiones sinápticas.
Los autores señalan que estos resultados no cuestionan el uso de la L-Dopa como tratamiento fundamental del Parkinson, sino que aportan información clave para comprender mejor sus efectos a largo plazo.
La identificación de este mecanismo abre la posibilidad de desarrollar estrategias complementarias que preserven la eficacia clínica del fármaco, pero reduzcan su impacto negativo sobre la estructura sináptica.
En ese sentido, el trabajo conjunto entre el CONICET y la universidad francesa pone en evidencia la importancia de la investigación básica para abordar problemas clínicos complejos. Comprender cómo un medicamento interactúa con las estructuras más íntimas de la neurona permite avanzar hacia terapias más precisas, seguras y sostenibles en el tiempo.




