El amanecer del domingo encontró la zona de J. P. López al 950 (sector noreste de la ciudad de Santa Fe) bajo un cielo espeso y un silencio incómodo. Eran cerca de las ocho, cuando dos móviles policiales —uno de Caballería y otro del Comando Radioeléctrico— irrumpieron en el barrio Guadalupe, guiados por una llamada al 911. El alerta hablaba de un robo en proceso. Pero lo que los uniformados encontraron fue algo más turbio, más oscuro: una historia de alcohol, confusión y abuso.



































