La inminente llegada del verano y los días de calor extremo en la capital santafesina hacen que muchos de los habitantes de la ciudad migren a la zona de casas quintas de la costa para refrescarse. Pero no todas las propiedades cuentan con ese manantial que para chicos y grandes son las piletas. Mangueras, fuentones, palanganas y hasta la sombra de un buen árbol es bien recibida por quienes durante el resto del año pisan el duro cemento. Pero hay otros que, insaciables de frescura, incurren en prácticas reñidas con la moral y el deber, como en este caso, un vecino que se robó una pileta de fibra de vidrio y la instaló en el patio de su casa.


































