El cortejo se agolpaba en la puerta del cementerio La Piedad, con el acceso restringido por la pandemia. Adentro, los padres y la novia de un muchacho asesinado en barrio Godoy presenciaban el entierro. Afuera, un auto estacionó cerca de la entrada. El acompañante bajó, se acercó a una florería y compró un clavel rojo. A los pocos minutos arremetió a tiros contra los deudos, que casi tiran abajo el portón desesperados por buscar refugio. Fueron más de veinte balazos que dejaron gravemente herido a un familiar del joven cuyo funeral terminó con más disparos de los que habían causado su muerte.

































