La inseguridad se sigue innovando en Santo Tomé, puesto que los hechos delictivos ya rozan lo tragicómico. Periódicamente los vándalos atentan contra la propiedad privada pero también atacan los bienes públicos, lo de todos. En otras oportunidades El Litoral dio cuenta de robos en los obradores municipales, la sustracción o rotura de los artefactos que integran el sistema de iluminación de la ciudad y hasta la desaparición del busto del Almirante Brown en la costanera, que -deducen- podría estar "descansando" en lo profundo del río Salado. Pero ahora, lo que los malvivientes se están llevando son las rejillas de hierro fundido que cubren las bocas de tormenta del centro de la ciudad. Robar estas pesadas tapas (con más de 70 kilogramos cada una) no solo afecta el normal funcionamiento de los desagües pluviales y el patrimonio municipal (que pertenece a todos los santotomesinos), sino que pone en serio riesgo la integridad física de las personas que transitan por esos sectores, ya que muchos tienen profundidades mayores a los 2 metros.
































