Las bandas que se dedican al robo de motos son difíciles de combatir. Los ladrones actúan con decisión y destreza. Utilizan cascos siempre, para evitar que sus rostros queden expuestos a los ojos de testigos y las lentes de las cámaras de vigilancia. De esta manera, es imposible reconocerlos y muy complicado vincularlos a algún hecho en particular.
Además, con aceitados mecanismos se deshacen del botín en cuestión de minutos. Los vehículos terminan indefectiblemente en desarmaderos clandestinos o en manos de falsificadores que los venden a vecinos desprevenidos con papeles apócrifos. Se trata de una telaraña de gavillas criminales que “trabajan” de manera muy organizada. La Agencia de Investigación Criminal, en un caso que es llevado adelante por la fiscal Rosana Marcolín, desmanteló este fin de semana una banda de estafadores que comercializaba motos robadas con “papeles truchos” a través de redes sociales y que tenía vínculos con distintos grupos de asaltantes, como por ejemplo los imputados por el asesinato de “Maxi” Olmos.




































