La mañana del viernes 20 de enero despertó soleada en las costas de Porvenir, la ciudad chilena de la Isla donde pernoctamos después de navegar 2.20hs en balsa por el Estrecho de Magallanes desde Punta Arenas.
Amanecía distinto para el equipo de Patagonia 360, íbamos hacia el lugar más austral del mundo, más tarde sabríamos que viajábamos hacia la única ciudad trasandina de la República Argentina.
Quedaban entre nuestro horario previsto y nuestras ansias algunas horas de viaje que fuimos acortando entre mates y un paisaje maravilloso que nos regaló la costa chilena. Nuevamente la odisea de la Aduana, esta vez saliendo de Chile e ingresando a nuestro propio país. Papeles, migraciones y vientos a varios kilómetros por hora secundaban nuestros pasos.
Por suerte, esta vez a diferencia del ingreso, el paso sería por San Sebastián, un paso secundario que no tenía –al menos ese viernes- un gran movimiento. Sellos, barreras y ante nosotros el cartel de Bienvenidos a Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur. Todo lo demás, como diría el amigo Calamaro, estaba de más.
El territorio argentino de Isla Grande ocupa un total de 21.571km de los 45.000km que tiene en total la isla y comparte con territorio chileno. Bordeamos Río Grande y nos metimos de lleno por la RN3 en un camino de sinuoso precipicio y paisajes de montañas. Importantes cordones montañosos cobijaban nuestros pasos por la ruta hasta que fue el Lago Fagnano el que comenzó a escoltarnos sorprendiéndonos con una belleza cristalina. Bosques, lagos y pequeñas poblaciones se esparcían a lo largo de todo el camino anunciando el paisaje.
Detuvimos la marcha al llegar a Tolhuin (ciudad corazón de la Isla). Quedaban poco menos de 100km para arribar a destino. Nos fotografiamos en el Paso Garibaldi y concluimos que el camino nos estaba regalando una de las postales más increíbles. Delante de nosotros la cordillera se entremezclaba con un cartel que anunciaba que habíamos llegado a Ushuaia.
A miles de kilómetro del mundo
De lejos podían verse los barcos enclavados en el muelle, sobresaliendo por su voluptuosidad de la geografía plana de un Canal de Beagle un tanto revuelto por el viento, pero brillante de sol. Apenas daban las 18hs en el reloj y todos los indicios que aún faltaba para que la noche se mezclara en el horizonte. A medida que uno desciende, las noches son más cortas y más largos los días, y sorprende estar a las 9 de la noche tomando un vino “con anteojos del sol”, totalmente desorientador para cualquier litoraleño.
Misteriosa y zigazagueante Ushuaia se nos fue abriendo como un damero que confluía en las aguas del Canal Beagle sin dejar de sorprendernos. Estábamos a 3500km de nuestra ciudad y a tan solo un paso del Fin del Mundo.
Entre lengas y castores el Parque Nacional
El clima no se amigaba con nosotros y amaneció nublado con algo más de 10° y un poco de viento. Sin embargo, nada iba a detenernos en nuestro recorrido: El Parque Nacional, una visita obligada para todos los que lleguen hasta la Isla. Allí es posible no solamente realizar extensas caminatas por sus senderos, sino que además está preparado para acampar tanto en lugares planificados (con todos los servicios y un lugar excelente) como así también se puede realizar camping libre.
El silencio se apropia del paisaje al atravesar la barrera de ingreso y se tiñe de verde frondoso el paisaje. Todo está cubierto de hojas, césped, flores y animales autóctonos que se entremezclan por los senderos de caminatas. Son 63.000km que en el año 1960 fueron creados como Parque Nacional Tierra del Fuego. Nuestro tiempo era acotado en el parque y había mucho por conocer, por lo cual elegimos los puntos principales para realizar en auto. A nuestro lado, paraban en los miradores grandes colectivos y buses que transportaban turistas de todo el mundo y los idiomas podían mezclarse con el viento de las costas.
Mientras el paisaje acoge y terminamos de sellar nuestro pasaporte en la Estafeta Postal del Fin del Mundo (existe la posibilidad de colocar un importante sello que dice Fin del Mundo por tan solo con estampilla y sello, o enviar sobres desde la estafeta postal a cualquier lugar del mundo) nos dirigimos a ver la castorera, un atractivo que da cuenta de uno de los mayores desastres del Parque: el castor. En 1946 se introdujeron en la Isla 25 parejas de castores que al no encontrar depredadores se multiplicaron abiertamente y han causado grandes problemas en la zona. En el parque es posible ver sus madrigueras y cómo han modificado el paisaje creando sus grandes embalses para vivir.
La silueta del parque dibuja literalmente los límites con Chile, parte de las montañas y de las aguas tienen una línea imaginaria que divide territorios e instala fronteras. Picos que corresponden a Chile y laderas argentinas, el Hito XXIV al que se llega costeando el Lago Roca o que se puede observar desde Bahía Ensenada. Las opciones eran múltiples, pero ninguna era tan importante como llegar a Bahía Lapataia: el final de la RN3, el último punto de nuestro camino de descenso, el último punto del mundo´.
Los caminos de montañas iban interpretando nuestro viaje, asensos y descensos nos llevaban por rincones únicos en un sitio mágico. Estábamos exactamente en el mismo lugar donde habíamos imaginado llegar meses antes cuando planificábamos este alocado viaje, esos los lagos, las montañas y el paisaje trasandino eran la muestra que lo habíamos logrado, estábamos en el Fin del Mundo.
Llegamos al Sur del Sur, ahora deberemos tomar la RN40 y comenzar a subir…
(Ver las notas adjuntas sobre el Tren, la cárcel, la Estancia Harberton y el Glaciar Martial, maravilllas únicas de Ushuaia)
Textos: Alina Pozzolo (enviada especial)-
Fotos: Pablo Benigni - A. Pozzolo
Agradecimiento: Instituto Fueguino de Turismo - Especialmente a Patricio Massa.



































