“Vamos a dejar la vida”, había prometido el valiente Israel Damonte. Y fue así nomás, en el momento más complicado de los últimos años, Colón jugó como se deben jugar este tipo de partidos. Salió a noquear y noqueó. No le dio tiempo a nada a un Talleres que hace rato es una sombra. Le metió la primera mano con Perlaza, en modo “Kid” Pambelé. Cuando se estaba acomodando de esa trompada, lo enterró “Wanchope” con un zurdazo que casi le rompe la red al arco y le vuela la cabeza a Herrera.

































