La historia de Ferraro y Colón se remonta al año 1996. Todavía se recuerdan aquellas victorias ante Belgrano y River, en Santa Fe, o una anterior ante Banfield, todas con Rezza en la conducción técnica, que fundamentaron la complicada permanencia en la máxima categoría después del ascenso del 95. Como había pasado con Nelson Chabay —gestor del ascenso— se daba la salida de Ricardo Rezza —gestor de la permanencia— aún después de haber ganado, en el cilindro de Avellaneda, su último partido como entrenador de Colón. Vignatti ya tenía todo arreglado con Francisco Ferraro y se empezaba a gestar un cambio de rumbo en el proyecto deportivo, con la llegada de jugadores que debían tener ciertos requisitos: 1) jóvenes y prometedores (caso Aquino o Castagno Suárez); 2) suplentes en clubes grandes (caso Medero); o 3) apuestas bien fundamentadas (Cristian Castillo, que llegaba de jugar en Atlanta en la B Nacional con solo 18 años). “Pancho” tuvo medio año de armado del equipo y otro medio año de consolidación, produciendo una gran campaña que terminó en el subcampeonato y su sorpresivo alejamiento aduciendo razones personales. Después, Ferraro volvió pero confirmó aquello de que “segundas partes nunca fueron buenas”. Se fue, aunque esta vez dejando dudas en cuanto a las razones de su alejamiento.


































