Alrededor de 35.000 personas vivieron la reinauguración del estadio. En el partido, y tras convertir un gol, se desvaneció y debió ser hospitalizado Gabriel Migliónico. El cotejo se suspendió. El jugador se repuso luego. Colón vivió ayer la fiesta de la reinauguración de su espectacular estadio. A la enorme pasión del pueblo sabalero -expresada desde temprano con caravanas y todo el colorido de su gente-, a la precisa organización y al espectáculo de primer nivel, se le sumó luego un invitado indeseado: el susto y hasta el drama. Es que a poco más de 10 minutos de juego, Gabriel Migliónico, el volante rojinegro, cabeceó al gol un tiro libre ejecutado por Delgado y recibió un fortísimo golpe de parte del arquero de Nueva Chicago, Velázquez, que salió desesperado a cortar. Migliónico se desplomó y enseguida se advirtió que no era una simple caída: los gestos desesperados del árbitro, de los jugadores, la presteza con que fue atendido y retirado del estadio, le pusieron dramatismo a lo que hasta entonces era una fiesta impecable. Después de la fiesta vino el susto, la suspensión del partido, los gestos adustos y la tranquilidad final por la recuperación del jugador, quien fue atendido en el Cullen primero y en el Sanatorio Santa Fe luego, donde aún permanece internado, aunque lúcido y en buen estado.