El equipo del ‘84 era bueno. Lo había dirigido Eduardo Janín, se produjo la vuelta de Cococho Alvarez para decirle adiós a su gran carrera en el club de sus amores y la aparición estruendosa de “Carozo” Mir como goleador del torneo. Pero en el ‘85, aquél generoso e inolvidable presidente que tuvo Colón —don Joaquín Peirotén— decidió hacer el gran esfuerzo. Junto a Julio González —responsable del fútbol— se lanzaron al armado de un equipo que aspire al protagonismo y que motive a la gente. Fue una verdadera “revolución”, aunque luego se haya fracasado en el intento. Con Federico Sacchi y el profesor Carlos Hurtado a la cabeza, empezaron a llegar jugadores de gran recorrido. El de más nombre, quizás, era Waldemar Victorino. Pero ahí nomás, muy cerquita, estaba Daniel Carnevali, Hugo Zavagno. Y además, Lazlo (venía de ser uno de los mejores defensores del torneo anterior jugando para Talleres de Remedios de Escalada), Belén (había jugado en Argentino de Rosario con gran suceso), Puentedura, Roma, Acosta Silva, “Pichón” Rodríguez, Omar Alegre (venía de jugar en River) y el “Negro” López con dos ascensos a cuesta.




































