"Mire, Luis, que a Unión vinimos para ser campeones, porque el año pasado Pepe Etchegoyen lo hizo con Colón y ascendió, así que nosotros tenemos que plantar la bandera uruguaya y 'romperle la cabeza' a cualquiera que se interponga", le dijo el Pulpa Etchamendi, a principios de 1966, para convencer a este uruguayo que ya tenía su nombre en Nacional y venía de jugar la Copa Libertadores. Esa frase, el Negro Luis Sauco la habrá repetido mil veces. Porque quizás haya sido el envión que necesitaba ese uruguayo aguerrido, implacable con sus rivales, que se adueñó de la zaga central de Unión y se convirtió en caudillo, capitán y figura.




































