Munúa arrancó el torneo con un 4-3-3 que enseguida modificó cuando tuvo a Aued y Gordillo en condiciones de hacerlos jugar desde el arranque (el partido en Barracas). El equipo se adapta a este esquema actual, el de jugar con un doble cinco, un volante ubicado por delante de ellos, dos extremos y un "9". ¿Cambiar a esta altura?, difícil. Tampoco uno se imagina que la estrategia puede variar, porque Unión no es un equipo acostumbrado a replegarse o a regalarle la pelota al adversario. En lo que Munúa tendrá que pensar y evaluar, es en aquéllos niveles individuales que no están a la altura de lo esperado. El de Luna Diale es uno de ellos, aunque el reemplazante natural para ese sector de la cancha, hoy, está lesionado (Ezequiel Cañete). Y lo otro sería lo que buscó el domingo, con el ingreso de Enzo Roldán, más caracterizado como volante de marca y juego y no exclusivamente de juego, como Luna Diale. Y después, la espera que se viene haciendo casi eterna de que alguno de los "9" empiece a meterla. Ni Marabel ni Vecino (en este caso con pocos partidos todavía) parecen darle al equipo esa garantía de gol que le viene faltando desde hace bastante tiempo y se ha convertido en un gran déficit.