Había que hablar con los hinchas de Newell’s para entender lo que había en juego. “Este equipo no tiene actitud ni aptitud”, decían. Y enseguida giraban la óptica de las críticas hacia una dirigencia desgastada y con escaso poder de respuesta. El fervor del hincha es imposible de detener. Y basta con ver la camiseta del club de sus amores en un campo de juego para resetear la ilusión y el apoyo.


































