Dos cosas quedaban claras después de Tigre: el golpe había sido grande, letal, doloroso. Está claro que Unión, como casi todos, puede perder con cualquiera en cualquier cancha. El tema, que descolocó a propios y extraños, fue la forma en Victoria. Casi sin dar pelea, como un equipo viejo, cansado, resignado y con un 1-5 que paralizó el corazón del equipo. Todo lo contrario de lo que mostró el grupo en lo que va del año. Estaba, antes de jugar, entre los ocho mejores, adentro de Sudamericana y a tres puntos de Libertadores.




































