En barrio Roma caen del cielo piñones de hasta 4 kilos y generan preocupación en el vecindario
Son frutos de enormes araucarias plantadas sobre la vereda. Están sobre calle Juan Díaz de Solís al 2400. Los vecinos advierten que ya ocurrieron accidentes con vehículos y temen que les caigan sobre la cabeza.
En barrio Roma caen del cielo piñones de hasta 4 kilos y generan preocupación en el vecindario
En Juan Díaz de Solís al 2400, en barrio Roma, el suelo cruje de tanto en tanto y el aire parece tensarse cuando un piñón se desprende desde lo alto. Caen pesados, con alrededor de cuatro kilos de peso, desde enormes araucarias que dominan la cuadra y descargan su fuerza sobre la vereda y la calle. Los vecinos miran hacia arriba con una mezcla de respeto y temor: no es sólo el estruendo lo que inquieta, sino los accidentes que ya dejaron huella en chapas abolladas y parabrisas rotos, y la posibilidad latente de que uno de esos frutos golpee a una persona que pase desprevenida.
Los piñones recolectados esta mañana en las calles de barrio Roma. El Litoral
“Vivimos hace más de 50 años acá, los vimos crecer a estos árboles”, cuenta Estela, vecina de enfrente, mientras señala los ejemplares que se recortan contra el cielo. “Las piñas ya abollaron varios autos”, advierte. Recuerda que un vecino intentó podarlos en más de una oportunidad, pero la intervención municipal terminó en multa. El conflicto, dicen, quedó suspendido entre la protección del arbolado y la urgencia cotidiana de evitar un accidente mayor.
3.235 kg pesó uno de los frutos que cayeron de las araucarias, de acuerdo a lo que indica la balanza de una verdulería de barrio Roma. El Litoral
Las araucarias, con varios metros de altura, multiplican el riesgo: cuanto más alto el desprendimiento, mayor la violencia de la caída. Un frentista jubilado asumió casi como tarea propia la advertencia permanente. “Muchas veces ando por la calle y les aviso a los automovilistas que no estacionen abajo de los árboles, porque si se cae una te destroza el auto”, relata. La escena se repite: conductores que buscan sombra y un lugar libre en una zona sin cocheras, un taller mecánico cercano y la tentación de estacionar justo donde no deberían. “Una vez estacionó un auto con techo de cristal y la piña lo atravesó”, recuerda. Desde entonces, el aviso es casi automático.
Detrás del peligro cotidiano hay una historia natural que explica la magnitud del fenómeno. La araucaria es uno de los árboles más imponentes de los bosques: puede alcanzar hasta 50 metros de altura, con un tronco grueso y recto que llega a medir 2,5 metros de diámetro, recubierto por una corteza áspera y agrietada, de placas hexagonales. Su crecimiento es lento y paciente, y también lo es su ciclo reproductivo: la primera fructificación suele darse recién alrededor de los 25 años, aunque en casos excepcionales aparece a los 15; la producción abundante de semillas se consolida después de los 40. A cambio, ofrece una longevidad extraordinaria: puede vivir más de mil años, convirtiéndose en testigo silencioso del paso del tiempo.
Los piñones recolectados esta mañana en las calles de barrio Roma. El Litoral
“Existen dos araucarias que son nativas”, explica la bióloga Paula Getar, de la Universidad Nacional del Litoral, ante la consulta de El Litoral. “Una es Araucaria araucana, conocida como pehuén, que habita el sur del país. La otra es Araucaria angustifolia, conocida como pino Paraná, y es la que se utiliza en el arbolado público, como en estos ejemplares de barrio Roma”. Se trata, aclara la autora de la guía de árboles que hay que plantar en Santa Fe, de una especie originaria de Misiones, aunque también hay otras araucarias exóticas presentes en el espacio urbano.
Mientras la charla con los vecinos avanza, una camioneta frena de golpe. El conductor baja y pide llevarse un piñón a su casa. No es sólo un objeto de riesgo: también tiene usos que pocos conocen. Puede servir para decorar ambientes y, una vez tostado, transformarse en harina. “En Brasil lo venden en las verdulerías”, apunta Getar.
Los piñones recolectados esta mañana en las calles de barrio Roma. El Litoral
Así, en esa cuadra de barrio Roma conviven la belleza monumental de un árbol centenario, el aprovechamiento posible de su fruto y la preocupación concreta por la seguridad. Entre piñones que caen y miradas que se alzan, los vecinos esperan una solución que logre equilibrar naturaleza y vida urbana, antes de que el próximo golpe no sea sólo contra una chapa.