En Juan Díaz de Solís al 2400, en barrio Roma, el suelo cruje de tanto en tanto y el aire parece tensarse cuando un piñón se desprende desde lo alto. Caen pesados, con alrededor de cuatro kilos de peso, desde enormes araucarias que dominan la cuadra y descargan su fuerza sobre la vereda y la calle. Los vecinos miran hacia arriba con una mezcla de respeto y temor: no es sólo el estruendo lo que inquieta, sino los accidentes que ya dejaron huella en chapas abolladas y parabrisas rotos, y la posibilidad latente de que uno de esos frutos golpee a una persona que pase desprevenida.




































