La pregunta que sobrevoló buena parte del conversatorio realizado este martes en Santa Fe fue sencilla, aunque de enorme complejidad: ¿cómo se construyen las ciudades del futuro?
La reconocida arquitecta y urbanista presentó en la capital provincial un libro que resume casi 25 años de transformaciones en Rosario. En diálogo con El Litoral, destacó la importancia de la continuidad de las políticas públicas, la construcción de instituciones metropolitanas sólidas y advirtió sobre los desafíos que enfrenta el Gran Santa Fe para ordenar su crecimiento.

La pregunta que sobrevoló buena parte del conversatorio realizado este martes en Santa Fe fue sencilla, aunque de enorme complejidad: ¿cómo se construyen las ciudades del futuro?
La respuesta, según la arquitecta y urbanista rosarina Mirta Levin, no se encuentra en una obra emblemática ni en una gestión aislada, sino en procesos largos, sostenidos y respaldados por instituciones capaces de trascender los cambios políticos.
Levin fue docente e investigadora de la Universidad Nacional de Rosario, con una maestría en Patrimonio Urbano por la Universidad de Valladolid (España) y en la actualidad es docente de maestrías y postgrados. Fue secretaria de Planeamiento de Rosario entre 2003 y 2011, dirigió la Unidad de Planificación y Gestión Estratégica y posteriormente el Ente de Coordinación Metropolitana (ECOM), desde donde impulsó políticas de integración regional que posicionaron a Rosario como un caso de estudio en planificación urbana y gestión metropolitana en América Latina. También recibió el Premio al Arquitecto en la Función Pública otorgado por la Federación Panamericana de Asociaciones de Arquitectos.
La arquitecta y urbanista llegó a la ciudad para presentar su libro Transformación Urbanística y Construcción de una Institucionalidad Metropolitana. Rosario 1995-2019, una obra que reconstruye más de dos décadas de planificación urbana en la principal ciudad de la provincia y que sirvió como disparador para debatir sobre el presente y el futuro de Santa Fe y su área metropolitana.
El encuentro, denominado “Más allá de los límites. Transformaciones urbanísticas de las ciudades que vienen”, fue organizado por el Centro de Estudios DEMOS y el Colegio de Arquitectura y Urbanismo Distrito 1.
La jornada propuso un espacio de análisis e intercambio que sumó las voces de las especialistas María Laura Bertuzzi, vice presidenta del Colegio de Arquitectos de Santa Fe D1; María Jimena Rivero, de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Católica de Santa Fe; y Graciela Mantovani, de la Facultad de Diseño y Urbanismo de la Universidad Nacional del Litoral, apuntando a reflexionar sobre cómo se construyen las grandes urbes que vienen.
“Estuvo muy bien. Hubo mucha convocatoria y un diálogo muy interesante entre quienes integraban la mesa”, resumió Levin tras la actividad, en una entrevista con El Litoral. También destacó la participación de dirigentes políticos santafesinos y el reconocimiento que recibió por parte de la Cámara de Diputados provincial. “Me conmovió mucho en lo personal”, admitió.
Cabe mencionar que participaron del encuentro el diputado nacional Pablo Farías, los diputados provinciales Clara García, Gisel Mahmud y Mariano Cuvertino, el senador por el departamento La Capital Julio “Paco” Garibaldi, el ex intendente y actual secretario de DDHH de la provincia, Emilio Jatón, concejales y funcionarios de localidades del área metropolitana santafesina, entre otros.
La experiencia de Rosario suele aparecer como uno de los casos más estudiados de transformación urbana en América Latina. La recuperación de la costa sobre el río Paraná, la creación de parques públicos, los centros municipales de distrito y la planificación estratégica son parte de ese proceso.
Para Levin, la principal enseñanza no pasa por una obra determinada, sino por la capacidad de sostener un rumbo durante décadas. “Uno de los ejes centrales del libro es la importancia de la continuidad de las políticas públicas y la posibilidad de ejercer el urbanismo con acompañamiento político; no hay transformación urbanística si los gestores políticos no están dispuestos a sostener esos procesos”, afirmó.
La urbanista recuerda que muchas de las intervenciones que hoy parecen naturales en Rosario fueron posibles porque distintos gobiernos mantuvieron objetivos comunes a lo largo del tiempo. Esa continuidad permitió consolidar planes urbanos que trascendieron las administraciones de turno y dieron forma a una política de Estado. “Rosario es producto de sus planes”, sintetizó.
Uno de los capítulos centrales del libro aborda el proceso de descentralización iniciado en Rosario en 1995. Mucho antes de que el concepto de “ciudad de los 15 minutos” se popularizara en el urbanismo internacional, Rosario avanzó en la creación de seis centros municipales de distrito distribuidos en distintos puntos de la ciudad.
“Fue una forma de construir un gobierno de proximidad”, explicó Levin. La intención era acercar la administración pública a los barrios y comprender mejor las necesidades específicas de cada territorio.
Según la arquitecta, esa decisión no sólo mejoró la prestación de servicios, sino que permitió desarrollar proyectos participativos y fortalecer el vínculo entre el municipio y los vecinos.
Otra de las transformaciones emblemáticas fue la recuperación de la costa rosarina. Durante buena parte del siglo XX, amplios sectores del frente ribereño estuvieron ocupados por infraestructuras ferroviarias, portuarias o industriales. La planificación urbana impulsó una progresiva reconversión de esos espacios hacia usos públicos.
“Eso permitió la apertura de la ciudad al río, la construcción de parques y espacios públicos que transformaron la relación de Rosario con su costa”, señaló. El resultado es visible hoy en la intensa utilización ciudadana del corredor costero. “Actualmente la costa es el principal lugar de convocatoria de la ciudad, incluso más que la peatonal”, destacó.
Pero si hay un concepto que Levin considera imprescindible para pensar las ciudades contemporáneas es el de área metropolitana.
La expansión urbana tornó insuficientes los límites administrativos tradicionales. Los problemas de movilidad, residuos, ambiente o infraestructura ya no pueden resolverse exclusivamente desde una ciudad.
Por eso, una parte importante de su trabajo estuvo vinculada a la construcción del Ente de Coordinación Metropolitana de Rosario (ECOM), organismo que actualmente integra a 30 localidades. “Todas tienen el mismo peso en el Consejo de Gobierno, independientemente de su tamaño o signo político”, explicó.
La experiencia permitió construir agendas comunes, acceder a financiamiento internacional y coordinar planes urbanos a escala regional.
Consultada sobre la situación de la capital provincial, Levin observa avances, pero también desafíos pendientes. Santa Fe cuenta con el Ente de Coordinación del Área Metropolitana (ECAM), creado para impulsar una mirada regional sobre los problemas compartidos. Sin embargo, considera que todavía necesita fortalecerse institucionalmente. “Le falta reforzar su institucionalidad. No tiene un equipo técnico propio y eso es fundamental para coordinar una agenda común”, sostuvo.
También planteó la necesidad de que la ciudad capital ejerza un liderazgo integrador respecto de las localidades vecinas. “La ciudad capital debe ejercer un liderazgo con humildad, reconociendo la validez de las otras localidades”, señaló.
La reflexión adquiere relevancia en un contexto de fuerte crecimiento de ciudades como Santo Tomé, San José del Rincón, Recreo, Monte Vera y Arroyo Leyes, donde la expansión urbana plantea nuevos desafíos de planificación. “Es el momento de pensar cómo se integran los planes de localidades que están creciendo mucho para que esa expansión sea ordenada y responda a una visión metropolitana”, afirmó.
La especialista considera que Santa Fe tiene una particularidad que vuelve aún más necesaria la coordinación regional: la gestión hídrica.
La ciudad y su área metropolitana conviven con sistemas de ríos, arroyos y cuencas que atraviesan múltiples jurisdicciones. “El agua no tiene límites jurisdiccionales”, remarcó. Por eso entiende que la planificación metropolitana debe involucrar de manera conjunta a municipios y comunas en temas vinculados a drenajes, reservorios, defensas y manejo de cuencas.
La experiencia internacional muestra que los eventos climáticos extremos obligan cada vez más a pensar soluciones regionales antes que respuestas fragmentadas. “Como decía Maragall (Pasqual, alcalde de Barcelona entre 1982 y 1997) sobre Barcelona, el 90% de los problemas se resuelven en el área metropolitana: transporte, tratamiento de residuos y, vital para Santa Fe, el trabajo con las cuencas hídricas, ya que el agua no tiene límites jurisdiccionales”.
Entre los desafíos urbanos que identifica para Santa Fe, Levin menciona una discusión que atraviesa numerosas ciudades latinoamericanas: cómo equilibrar la preservación patrimonial con la renovación urbana. “Un debate clave es la lucha entre preservación y renovación”, explicó.
La cuestión implica definir qué elementos del patrimonio arquitectónico y cultural merecen protección y cuáles son las áreas donde pueden impulsarse nuevos desarrollos inmobiliarios.
En una ciudad con edificios históricos vinculados a su trazado fundacional y una importante producción arquitectónica racionalista del siglo XX, la discusión aparece cada vez con más frecuencia en el debate público.
Otro de los puntos sobre los que insistió la urbanista es el fortalecimiento de las áreas de planificación. “Las Secretarías de Planeamiento no deberían ser solamente receptoras de expedientes privados”, sostuvo. Por el contrario, entiende que deben convertirse en organismos capaces de promover proyectos, orientar inversiones y construir asociaciones público-privadas.
En ese sentido, defendió un rol activo del Estado en la organización del territorio. “Como decía Jordi Borja (urbanista catalán recientemente fallecido), el urbanismo aspira a la ciudad igualitaria y a mejorar la vida de las personas”, afirma la especialista.
En consecuencia, “el urbanismo debe nacer del Estado para fijar reglas claras, priorizar el espacio público y resolver problemáticas sociales, porque eso no surgirá del mercado”, afirmó. Y agregó una advertencia: “Sin instituciones fuertes, sólo queda la libre voluntad del sector privado y aparecen las grandes desigualdades”.
Si la planificación es una condición necesaria para transformar una ciudad, Levin aclara que no es suficiente.
La disponibilidad de recursos aparece como uno de los principales obstáculos para concretar proyectos urbanos de gran escala. “La mayoría de los organismos internacionales no descentralizan fondos directamente a los municipios; siempre existe intermediación provincial o nacional”, explicó.
La situación se vuelve especialmente compleja en materia habitacional. “El tema vivienda es el más difícil”, aseguró.
Según explicó, el problema del hábitat involucra tres dimensiones inseparables: suelo, infraestructura y vivienda. Resolverlas requiere inversiones que exceden ampliamente las capacidades financieras de los gobiernos locales. “Para Rosario, resolver los asentamientos precarios representaba dos presupuestos y medio completos del municipio”, recordó.
Por eso concluye con una definición que resume uno de los dilemas centrales del urbanismo contemporáneo: “El financiamiento es el gran tema. Sino, todo queda sólo en un dibujito”.
En tiempos donde las ciudades de la región enfrentan presiones demográficas, crisis habitacionales, desafíos ambientales y restricciones presupuestarias, la experiencia relatada por Levin deja una enseñanza que atraviesa todo su libro y quedó explicitada en su exposición: las transformaciones urbanas profundas no dependen de una gestión ni de una obra aislada, sino de la capacidad colectiva de construir acuerdos, instituciones y políticas capaces de sostenerse durante décadas.





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