Las imágenes vuelven a repetirse como una escena conocida. Calles convertidas en lagunas, agua estancada durante horas, residuos flotando, ramas caídas y vecinos que quedan aislados dentro de sus propias casas. En Colastiné Norte, cada lluvia fuerte reactiva una crisis que ya no es excepcional, sino parte de la rutina cotidiana del barrio.





































