Corría la década de los años ‘60 en la ciudad de Santa Fe. La modernidad de a poco empezaba a instalarse en las calles, los autos, las casas. En la organización social de una capital provincial cuyas dinámicas, aún con las contradicciones lógicas de una gran urbe, dejaban ya aquellas imágenes en blanco y negro de carros tirados a caballo y calles de tierra.
































