Día Mundial de los Humedales: cuando el paisaje sostiene la vida
Los humedales son ecosistemas clave para la biodiversidad, la provisión de agua y la mitigación de fenómenos extremos como inundaciones y sequías. En la provincia hay 3 sitios preservados de importancia internacional. Especialistas del INALI (CONICET-UNL) destacan su valor y los consideran “mucho más que un paisaje”.
Día Mundial de los Humedales: cuando el paisaje sostiene la vida
Cada verano, cuando el río sube y se expande sobre las islas frente a Santa Fe, vuelve a hacerse visible algo que muchas veces pasa desapercibido: los humedales no son solo parte del paisaje, sino un sistema vital que sostiene a ciudades enteras. Este 2 de febrero, en el marco del Día Mundial de los Humedales —fecha que recuerda la firma de la Convención Ramsar en 1971—, especialistas y organismos científicos vuelven a poner el foco en estos ecosistemas clave para la biodiversidad, la provisión de agua y la mitigación de fenómenos extremos como inundaciones y sequías.
Bajo el lema de este año, “Los humedales y los conocimientos tradicionales: celebrar el patrimonio cultural”, la conmemoración invita a mirar estos territorios no solo desde su dimensión ecológica, sino también como espacios atravesados por saberes y prácticas comunitarias históricas, fundamentales para su preservación.
En la región, la relación con el agua es cotidiana. Las islas, lagunas y cursos que rodean a Santa Fe forman parte de un entramado dinámico donde el territorio se transforma según el pulso del río. Allí, el Instituto Nacional de Limnología (INALI, CONICET–UNL) desarrolla investigaciones para comprender cómo funcionan estos ambientes y qué impactos generan las actividades humanas.
Las selvas en galería de Jaaukanigás. Pablo Capovilla.
Según explican desde el organismo, los humedales son “ecosistemas de transición entre el medio terrestre y el medio acuático”, condición que los vuelve espacios altamente productivos y dinámicos, capaces de cumplir funciones ecológicas esenciales como “la regulación del régimen hídrico, el almacenamiento de carbono y la depuración del agua”.
Amenazas
Además, destacan que estos territorios constituyen hábitat de numerosas especies animales y vegetales y cumplen un rol clave para el bienestar de las poblaciones, ya que ríos y arroyos funcionan como fuente de vida, vías de navegación y principal suministro de agua para usos domésticos y productivos. También sostienen actividades recreativas, deportivas y turísticas, con fuerte impacto cultural y económico en la región.
El problema es que estos ecosistemas figuran hoy entre los más amenazados del planeta. Estudios citados por el INALI indican que, desde 1970, las poblaciones de especies asociadas a humedales continentales registraron una disminución cercana al 81%, una señal alarmante del deterioro ambiental global.
Los carayá, en Jaaukanigás. Pablo Rodas
En Argentina, la Convención Ramsar reconoce 24 sitios de importancia internacional —más de seis millones de hectáreas protegidas—, entre ellos tres ubicados en Santa Fe: Jaaukanigás, en el norte provincial; el Delta del Paraná, compartido con Entre Ríos; y la laguna Melincué, en el sur. Sin embargo, persisten conflictos vinculados al uso del suelo, loteos, desmontes, pesca, contaminación y ocupación de áreas sensibles, muchas veces agravados por la superposición de jurisdicciones y la falta de controles sostenidos.
Fotorreportaje en Jaaukanigás. Pablo Rodas.
Identidad
Desde el instituto señalan que comprender estos territorios “exige una mirada integral que trascienda lo puramente biológico”, ya que allí se articulan procesos físicos, ecológicos, sociales y culturales. Por eso, la preservación y uso de los humedales depende de decisiones colectivas y políticas públicas capaces de compatibilizar producción, conservación y calidad de vida.
En una ciudad como Santa Fe, atravesada históricamente por el vínculo con el río, cuidar los humedales significa también cuidar su propia identidad y su futuro frente a un clima cada vez más incierto.