La inundación de abril de 2003 activó a la comunidad artística en doble manera y a dos tiempos: en primer lugar la respuesta inmediata de la solidaridad, tanto desde la convocatoria de figuras reconocidas para sumar beneficios y donaciones como para llevar una canción o una palabra a los afectados directos, arrancados de sus casas y su vida cotidiana en medio de la oscuridad. En un segundo término, llegó el momento de la reflexión y la creación, destacando diferentes aspectos del suceso en su reconstrucción como imaginario y memoria social.




































