Hugo Galván tiene su casa llena de perros y plantas. Una casa llena de vida. 20 años después de que el río Salado la sepultara bajo el agua, este empleado municipal pudo salir adelante. Pero cada vez que habla del tema o lo recuerda, se quiebra. Se le llenan los ojos de lágrimas y no le salen las palabras. Lo mismo le ocurre a casi todo el vecindario de barrio La Florida, un Fonavi inaugurado apenas tres años antes de la inundación de 2003, allí por donde pasó el Salado.




































